Una cerveza en la mano, y a filosofear:

Si piensas que la filosofía es algo de unos pocos intelectuales estás equivocado. Todos tenemos un pequeño filósofo en nuestro interior, si todavía no lo conoces es que no vienes mucho por La Casa de la Cerveza (y deberías) o no sueles consultarle cosas a la almohada.

¿Acaso no te has planteado alguna vez el sentido de la vida?¿Es bueno el camino que estás tomando? ¿Tampoco te planteaste nunca si deberías abandonarlo todo para perseguir tu sueño?

Bueno, seguro que si no habéis entrado en esas cuestiones, habréis entrado en otras más típicas de bar:

¿Merece la pena pedirle salir a la compañera de trabajo cuando os vais a ver todos los días?

¿Por qué entre todas las opciones posibles  el planeta Urano se tenía que llamar así?

¿Por qué me invitan a jugar a Candy Crush si nunca acepto?

Estas preguntas os resultan más familiares ehh 😉

Y es que estas conversaciones aparecen rodeados de cerveza y buena compañía. Solo se trata sobre compartir grandes momentos de máxima comodidad, en los que la lengua te fluye y sin darte cuenta estás hablado de temas metafísicos, semiología, motos…. Pero siempre hay un momento en que alguno de tus amigos te dirá:

-“Amigo,  estás siendo muy trascendental”
-“¿Enserio?”

 

Y entonces pedís otra ronda en La Casa de la Cerveza.


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